El Dios del mar
Esta es la cuarta parte de un relato. Si quieres leer la tercera parte aquí la tienes Liberando el nuevo mundo No me agrada mucho la sensación de llevar a alguien en mi lomo, pero al ser Maya es una sensación diferente, me siento cómo con ella aun incluso en la situación en la que estamos. Ella no me dirige ni me da órdenes, porque confía en que sé lo que tengo que hacer y efectivamente es así, caliento un poco la garganta y empiezo a notar cómo el calor recorre mi cuello. El fuego sale despedido de mi boca y aunque yo sea pequeño, mi llamarada es mucho mayor. Vuelo por todo el lugar quemando lo que encuentro a mi paso. Tengo que reconocer que al principio sí que me detengo en mirar cómo arden las hadas, puesto que es algo espectacular y lleno de brillo pero después me centro en lo que tengo que conseguir. Quemo a casi todas las hadas y al final nos acercamos al jefe. Me detengo frente a él, dejo que Maya se baje de mi lomo y continúo volando. No pienso alejar mi vista...